Esquemáticamente podemos definir dos líneas principales que agrupan nuestras propuestas de política:
- Profundizar y llevar al mayor desarrollo posible la visión estratégica de la Defensa No-Provocativa en el marco de una complementación regional sudamericana.
- Adoptar como eje de nuestra visión estratégica a los recursos naturales como bien soberano prioritario a ser protegido por el Sistema de Defensa Nacional (y un eventual sistema regional).
La Visión de la Defensa No-Provocativa
Este concepto en cuanto a estrategia de defensa es definida por Thomas Scheetz como “una nueva actitud estratégica militar”. En su libro “Defensa No Provocativa, una propuesta de reforma militar para la Argentina” la puntualiza de la siguiente manera:
“La actitud de defensa no-provocativa es una política militar de acuerdo con la cual la concepción estratégica militar y operacional, la magnitud y la composición, la organización y el equipamiento, la logística, el adiestramiento, las comunicaciones, y el despliegue del poder militar deben ser tales que, sin ambigüedades, sean capaces de defender eficazmente el propio patrimonio territorial, pero a la vez, y también sin ambigüedades, deben carecer de capacidad de operar ofensivamente mas allá de las propias fronteras.
La defensa no-provocativa busca distender una situación de enfrentamiento que en cualquier momento puede estallar en conflicto armado, aun cuando ambos bandos hubieran preferido que no sucediera. Ella constituye una contribución decisiva para cesar una carrera armamentista basada en mutuos recelos y desconfianzas acerca las verdaderas intenciones del oponente. Asimismo, esta actitud puede considerarse como una invitación a que el otro bando responda de igual manera, como primer paso para asegurarse una paz duradera y fructífera.”
Entendemos que esta visión estratégica para nuestra defensa nacional es la mas apropiada teniendo en cuenta las realidades geopolíticas de nuestro país y la región sudamericana.
A lo largo de todo el siglo XX la hipótesis de conflicto que ha manejado nuestra inteligencia estratégica militar, ha sido la de un enfrentamiento fronterizo terrestre con nuestros estados vecinos más importantes, Brasil y Chile. Larga es la historia de avances y retrocesos en el proceso de resolución de conflictos con el país trasandino, pero con seguridad podemos afirmar que hoy, ya entrada la primera década del siglo XXI esas amenazas están prácticamente desterradas de los escenarios supuestos y, afortunadamente, del imaginario social cotidiano.
Esta realidad fundamental sumada a la necesidad de una racionalización urgente de los recursos destinados a la defensa, hace imperiosa una reducción de la densidad (cantidad) de las fuerzas, pero un aumento de la capacidad disuasiva de las mismas.
En palabras de Scheetz, esta idea avanza por la “posibilidad de suprimir en el propio dispositivo de defensa, todos los elementos de proyección ofensiva en el marco estratégico operacional (bombarderos, misiles de largo y mediano alcance, etc.), con la finalidad de convencer al oponente de que la propia actitud es neta y exclusivamente defensiva, y tratar (si es preciso negociando) que simultáneamente, él adopte la misma determinación”.
En ese sentido, sin necesidad de cambios abruptos en el actual presupuesto para el área (5.800 millones, el menor de la región en términos de puntos porcentuales del PBI), se podría destinar una gran cantidad de recursos a la obtención de sistemas de armas modernos que garanticen esa disuasión defensiva.
Los requisitos principales para la adopción de la actitud de defensa no-provocativa son:
- Coordinar minuciosamente las acciones diplomáticas con los otros países de la región y con organismos internacionales (ONU, OEA) con el fin de clarificar la adopción de esta disposición estratégica y promover acciones reciprocas de los otros países para que vayan adoptando medidas similares de reconversión de estrategia. En la región una opción generalizada por esta doctrina aliviaría los presupuestos nacionales abandonando las pequeñas carreras armamentísticas en las que incurren cíclicamente nuestros estados hermanos.
- Intensificar y efectivizar la inteligencia estratégica para prevenir amenazas, para conocer las reacciones y para preparar el planeamiento militar. Es deseable, y nuestro país cuenta con la tecnología para ello, contar con un satélite propio de múltiple propósito o un sistema similar de inteligencia electrónica aérea.
- Acceder a nuevos conceptos y formas de racionalización administrativas como medio de volcar la mayor cantidad de recursos presupuestarios posibles al mantenimiento de la más alta capacidad operacional posible y la obtención de los medios más modernos.
Concebimos la adopción de esta política de defensa en el marco de un grado mayor de compromiso de integración con los países de la región trabajando hacia una verdadera complementación de los sistemas nacionales de defensa de todos nuestros países. Pero sin dudas creemos que primero debemos procurar recomponer la capacidad operativa real de nuestras fuerzas armadas, antes de proponer una complementación con algún aliado regional (o sea, presentar “algo” que complementar).
Creemos que la implementación de una estrategia de Defensa No-Provocativa pasaría a constituirse simultáneamente en causa y efecto del continuo proceso de integración económica, cultural, social y política de nuestros estados sudamericanos. Estados hermanos cuyo destino inexorable debe ser unirse ante la evidencia de problemáticas comunes y la existencia de debilidades solo subsanables mediante la complementación regional.
Recursos Naturales y Defensa Nacional
Consideramos importantísimo vincular el carácter estratégico de los recursos naturales con la problemática de la Defensa Nacional comprendida desde una conceptualización más amplia, integral, que sea capaz de pensar la forma de organizar el control, manejo racional y preservación de los recursos naturales renovables y no renovables.
En tal sentido, no proponemos solo el uso del instrumento militar –si bien es el componente central de las estructuras de la Defensa del país y tiene como función específica la respuesta ante una posible agresión armada- sino que lo concebimos como un elemento más que tiene responsabilidades junto al componente civil responsable de dirigir las políticas públicas en el área.
La visión sobre una substancial reforma y un nuevo rol de las FFAA paulatinamente se va instalando en la doctrina de defensa: En el cierre de unos ejercicios militares realizados en Misiones a fines de septiembre de 2006, el Jefe del Ejército argentino General Roberto Bendini manifestó públicamente la necesidad de modificar estructuralmente las características del planeamiento militar, adiestramiento y despliegue de las fuerzas de tierra de la República Argentina.
Asociado a esa nueva visión que se intenta instalar públicamente aparece en el escenario de la planificación estratégica la cuestión de los recursos naturales críticos para el desarrollo del país –hidrocarburos, agua, minerales, entre otros - caracterizados como estratégicos para la Nación argentina.
Se señala que “En la planificación militar, hace ya un tiempo que los recursos naturales son tenidos en cuenta como una creciente hipótesis de conflictos futuros en la región. De hecho, el ejercicio Hermandad, realizado con otros ejércitos sudamericanos, tenía como motivo la defensa ante la invasión de un país indeterminado, carente de hidrocarburos y con sus reservas de agua contaminadas.”
En efecto, esta planificación -que se cruza con percepciones de amenazas futuras vinculadas a la degradación, contaminación y escasez de los recursos naturales críticos- se vincula, a su vez, con un proyecto de reestructuración del Ejército argentino denominado Plan 2025. En tal sentido, Bendini manifestó que, entre otros cambios probables, “Las Divisiones tendrán comandos más chicos y operativos y cada una abarcará un ambiente geográfico particular, con el mismo tipo de unidades: Noreste, de Monte; Oeste, de Montaña; y Sur, de Desierto Patagónico. Se transformará la manera de operar, con fuerzas más chicas, entrenamiento especial y capacidad de operar en forma independiente.”
Estas declaraciones y manifestaciones públicas exteriorizan un estado de debate que se está generando en la presente coyuntura político-institucional y que esperamos que puede llegar a conformar un escenario de deliberaciones dinámico, prolongado y que sea realmente participativo.
Creemos que el actual momento que estamos viviendo no sólo en el país sino en la región, en donde la planificación sobre los recursos naturales y energéticos se está transformando en un eje de los debates político-institucionales sudamericanos, es especialmente propicio para empezar a estudiar la vinculación estratégica del control, el manejo racional y la preservación de recursos naturales críticos con las funciones y tareas esenciales de la Defensa Nacional.
Como casos típicos observamos, por ejemplo, el del Acuífero Guaraní o de las reservas minerales y de biodiversidad del país.
En tal sentido, se señalan por lo menos tres ejes de objetivos generales que se perseguirán en esta propuesta.
- Explorar los vínculos entre los recursos naturales como bienes estratégicos y la necesidad vital de planificar su manejo racional y asegurar su preservación y control como tareas prioritarias de la Defensa Nacional.
- Tener presente como una herramienta insoslayable las funciones que tanto el instrumento militar como los componentes civiles de la Defensa pueden desempeñar en la protección de estos recursos como intereses estratégicos de la Nación Argentina.
- Conocer la situación de los recursos naturales en el orden global, regional y nacional desde una perspectiva geopolítica (uso racional y sostenible, propiedad y administración del recurso, disponibilidad y distribución, carácter estratégico del mismo, implicancias sobre la demografía y la calidad de vida).
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