Hay dos hechos históricos de nuestro país relacionados entre sí que pusieron en crisis todas las concepciones previas sobre la Defensa Nacional, tanto en el ámbito civil como en el militar.
Por un lado, la última dictadura militar constituyó el periodo en el cual las fuerzas armadas como nunca antes en la historia argentina encontraron desvirtuado su rol, función y objetivos.
Si bien a lo largo del siglo pasado las FFAA se habían atribuido roles impensables en cualquier estado moderno (político, empresario y hasta gremial), el golpe de estado de 1976 significó poner en marcha, en la plenitud de su desarrollo, el aparato que en todos los años anteriores se venia construyendo siguiendo la denominada “doctrina se seguridad nacional”. Esta doctrina, emanada desde los más altos organismos estatales de Estados Unidos, reconvirtió la integralidad de su doctrina (despliegue, alistamiento, adiestramiento y apertrechamiento) hacia la función de control social y político interno en el marco de la lucha por esferas de influencia a nivel mundial entre EEUU y la Unión Soviética.
Por otro lado, la Guerra de Malvinas en 1982, fue la primera oportunidad en la cual nuestras FFAA se vieron ante el hecho de tener que enfrentar en un conflicto convencional moderno a las fuerzas de otro estado. Las fallas en inteligencia, doctrina, armamento y planeamiento estratégico evidenciaron la incapacidad de nuestro instrumento militar para garantizar una defensa eficiente de los intereses nacionales
En los años siguientes a la recuperación de la democracia los trabajos sobre este área estuvieron relacionados con las conclusiones extraídas de esas experiencias históricas recientes. De esta manera, las relaciones cívico-militares fueron un eje fundamental en el estudio de los temas militares viendo como la sujeción de las FFAA a la constitución había resultado no ser la regla, sino la excepción.
Al mismo tiempo, las criticas a las doctrinas elaboradas en la primera mitad del siglo aumentaban planteando la falta de vigencia practica de unas FFAA divididas en tres, débilmente coordinadas y transformadas en compartimentos estancos capaces de establecer cada una por separado sus prioridades en cuanto a necesidades de recursos, equipamiento, prioridades, inteligencia estratégica, etc.
Las conclusiones de estos análisis conforman un consenso más o menos extendido entre los estudiosos del tema que, sumado a las realidades y coyunturas políticas que siguieron a 1983, determinaron que se transforme en un consenso político sobre las reformas a implementar convirtiendo a la Defensa Nacional en una de las pocas áreas de gobierno donde, a pesar de su lentitud e inconstancia, se pueden observar, hasta la fecha, continuidades por lo menos en los trazos gruesos en las políticas oficiales.
Documentos políticos oficiales emanados del Ministerio de Defensa (“Libro Blanco de la Defensa Nacional”, “Revisión 2001”, “La defensa Nacional en la Agenda Democrática”, etc.) presentan claramente algunas de estas continuidades en lo que hace a reformas que vayan hacia una reducción cuantitativa de las fuerzas, profesionalización de sus cuadros, adaptación a esquemas conjuntos de organización y operación y una simplificación burocrática del área tanto en el campo militar como en los organismos civiles.
A pesar de los consensos ampliamente alcanzados sobre las políticas de Estado a aplicar en el área de defensa y mas específicamente en el campo militar, las sucesivas administraciones no han realizado las reformas necesarias, mas allá de adherir retóricamente a ellas, con la celeridad que el estado desesperante de nuestra defensa reclama.
Como escribe Thomas Scheetz “(En argentina) hay pocos civiles con conocimientos del quehacer militar y a la política militar ha sido manejado con clientelismo como “botín de guerra política”, con ministros nombrados que nada saben de defensa. Esta situación encubre una enorme carga política en no reconocer la intencionalidad y responsabilidad política culposa en no resolver los serios deficits en las fuerzas armadas. Más bien estamos frente a las evidencias, no de una falta de política militar, sino de una muy concreta pero de otra naturaleza perversa, una que lucra con este aparato del Estado, en vez de rectificar su rumbo, poniéndolo al servicio de la nación”.
Esta pequeña presentación que presentamos hoy propone líneas de trabajo que todavía es necesario desarrollar pero que ya podemos adelantar en forma resumida para la discusión conjunta.
lunes, 18 de diciembre de 2006
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)
No hay comentarios.:
Publicar un comentario